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sábado, 4 de marzo de 2023

La primera gran migración de españoles a Cajamarca - siglo XVII

Por Carlos Reyes

Este texto breve forma parte de la investigación que realizo como parte de mi tesis de maestría en Historia de los Andes en FLACSO, Ecuador, y que deseo compartir con el público. No constituye un descubrimiento en sentido estricto: es parte del sentido común reconocer que este pueblo fue habitado por españoles en algún momento del pasado. Sin embargo, se sabe poco sobre ellos: cuándo llegaron, en qué condiciones y con qué propósitos.

El primer español con mayor poder en Cajamarca fue Melchor Verdugo, conquistador presente en la captura de Atahualpa el 16 de noviembre de 1532. Francisco Pizarro le otorgó, como recompensa, la encomienda de Caxamarca con siete grandes organizaciones étnicas. A cambio de esta adjudicación de indios (no de tierras), debía evangelizarlos y recibía tributos en especies y, en menor medida, en metales. Se sabe que residió en Trujillo, aunque habría visitado Cajamarca en diversas ocasiones, dejando mayordomos o administradores a cargo. Murió en 1567 sin descendencia, pero dejó como heredera a su viuda, Jordana Mejía, una de las encomenderas más poderosas de su tiempo.

Poco después de la conquista, residían en Cajamarca siete familias españolas en 1565; catorce en 1572; y un número similar en 1597. Esto equivale a unos setenta españoles viviendo en la localidad entre 1565 y 1597, décadas inmediatas a la conquista de 1532. Podrían haber sido mayordomos de Verdugo, evangelizadores, autoridades civiles, comerciantes y familiares. Aunque no eran numerosos, la situación cambió notablemente en el siglo XVII.

Tras las reformas del virrey Francisco de Toledo (1569–1581), que establecieron nuevas bases de orden político, fiscal y laboral, se aprecia un aumento sostenido de población española. Para 1615 se registran 100 familias (aprox. 500 personas); para 1644, cerca de 900 individuos; y para 1675, alrededor de 4,000. Consideramos que esta fue la primera gran oleada migratoria española hacia Cajamarca, desarrollada por fases entre 1572 y 1687 aproximadamente. Según Waldemar Espinoza, la mayoría habrían sido migrantes pobres que buscaban labrarse un futuro, conscientes de que probablemente no regresarían a España debido a la duración y riesgos del viaje (cuatro o cinco meses por mar). Procedían principalmente de Sevilla, Segovia, Andalucía, Valladolid, Madrid e Islas Canarias, es decir, del centro y sur peninsular.

Cajamarca resultaba atractiva por varias razones: altitud moderada (2,750 msnm), clima templado, cercanía a la costa, la ceja de selva y el Marañón, abundante agua, suelos fértiles, pampas ganaderas, pequeñas minas, disponibilidad de mano de obra indígena, tradición textil y ubicación estratégica en las rutas del Qhapaq Ñan, que enlazaban el norte y sur andino y la costa con la sierra y la selva. Estas condiciones facilitaron un primer despegue económico regional durante el periodo colonial.

Los españoles crearon un microcosmos a su favor. Mediante mercedes, compras, donaciones y usurpaciones, desposeyeron progresivamente de tierras a los indígenas. La tierra les permitió establecer viviendas y desarrollar actividades productivas. Fundaron obrajes —aprovechando la tradición textil prehispánica— que producían bayetas, frazadas, sayales, jergas, paños y sombreros, bienes muy demandados en el virreinato. Junto a ellos se extendían pampas para ganado ovino (lana) y cultivos de maíz, trigo, papa y alfalfa. Según Fernando Silva Santisteban, los obrajes más importantes a inicios del siglo XVII eran los de Cajamarca, Porcón, Combayo y Polloc.

También reactivaron el comercio interrumpido por la conquista, recepcionando productos de Lima y de zonas periféricas, y explotaron en pequeña escala la plata de Chilete. Utilizaron la mano de obra indígena mediante la mita y recurrieron a la esclavitud africana, cuyos contingentes también abastecieron las plantaciones azucareras de Saña, en Lambayeque.

En este contexto emerge la figura de Baltazar Hurtado del Águila, uno de los españoles más acaudalados del momento, probablemente prestamista local. En documentos aparece cobrando múltiples deudas y financiando a más de cien solicitantes de composición de tierras en 1644. Su hijo, Baltazar Hurtado de Chávez, heredaría fortuna y obligaciones.

Cabe señalar que el establecimiento permanente de españoles en Cajamarca estaba legalmente prohibido. La localidad fue fundada como pueblo de indios por el gobernador Lope García de Castro (1565) y reafirmada como tal por Toledo (1572), bajo la política de separación entre república de indios y de españoles. En teoría, los españoles solo podían permanecer allí de uno a tres días. No obstante, residieron de forma estable, adquirieron tierras y transformaron de facto el pueblo indígena en una villa mestiza, construyendo incluso su parroquia propia: Santa Catalina (hoy Catedral). La Corona elevó oficialmente a Cajamarca a la categoría de ciudad recién en 1808. Durante toda la colonia existió cabildo de indios, pero no de españoles, y las transferencias de tierras fueron legalizadas tardíamente en 1644, anuladas luego y nuevamente justificadas mediante testamentos en 1678. La condición jurídica de pueblo de indios fue un problema constante.

La presencia española impulsó un temprano proceso de mestización. Para muchos indígenas, el mestizaje representó una estrategia para escapar del tributo y la mita. En documentos aparece, por ejemplo, el mestizo Diego de Álvarez (1643), solicitando reconocimiento formal. Sin embargo, la población indígena nunca desapareció ni dejó de ser mayoritaria en términos porcentuales, característica distintiva de la región hasta hoy.

Entre los españoles establecidos a inicios del siglo XVII coexistieron élites y sectores menos favorecidos: trabajadores, vagabundos y delincuentes. Muchos fallecieron en Cajamarca y dejaron testamentos hoy conservados en el Archivo Regional, documentos valiosos para reconstruir redes familiares, bienes y actividades.

Finalmente, sostenemos como hipótesis que esta primera gran migración y su correspondiente despegue económico se extendieron hasta 1687, año del gran terremoto de Lima, uno de los motores económicos del virreinato junto con Potosí. Es posible que siguiera un periodo de depresión relativa hasta el descubrimiento de las minas de Hualgayoc en 1771, que dio lugar a un segundo boom económico y a una nueva oleada migratoria española —esta vez procedente en buena medida de Santander, Navarra, Galicia, Vizcaya, Cataluña y Andalucía— ya hacia el final del periodo colonial.



Fuentes:



  • Andrien, Kenneth (2020). Crisis y decadencia en el virreinato del Perú en el siglo XVII. Lima: IEP. Link: https://www.bcrp.gob.pe/docs/Publicaciones/libros/2020/crisis-y-decadencia-el-virreinato-del-peru-en-el-siglo-xvii.pdf

  • Espinoza, Waldemar (2002). Españoles en la villa de Cajamarca a mediados del siglo XVII. En: Sobre el Perú, homenaje a José Agustín de la Puente Candamo, tomo I. Lima: PUCP. Link: https://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/181934

  • Gaytán, Evelio; Álvarez, Flaminio; Barrantes, Cecilia; Urteaga, Rossina; Angulo, Bertha; Sánchez, Luz (2002). Inventario documental, causas civiles (1593-1785), Corregimiento de Cajamarca. Cajamarca: Asociación Obispo Martínez de Compañón.

  • Silva Santisteban, Fernando; Espinoza, Waldemar; Ravines, Roger (comp.) (1986). Historia de Cajamarca, siglos XVI-XVIII. Cajamarca: Fondo Editorial del Instituto Nacional de Cultura.


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