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viernes, 6 de marzo de 2026

Breve historia del carnaval cajamarquino

Por Carlos Reyes:

El elemento más antiguo del carnaval cajamarquino es el personaje disfrazado, lo que hoy se conoce como miembro de las patrullas. Este elemento proviene del carnaval colonial, importado de la Europa medieval. Eran estos personajes disfrazados quienes celebraban el carnaval en las calles y desde los barrios, probablemente de origen popular (barrios que en la Colonia eran de “indios” y luego de “mestizos”). De manera anónima, rompían las normas sociales y se desahogaban durante los días previos a la Cuaresma.
Junto a estos grupos populares que salían espontáneamente a las calles (y que entre ellos se enfrentaban a través de férreos combatientes, sobre todo entre los barrios Cumbe Mayo y San Pedro) coexistía el carnaval de las élites: el de los hacendados y comerciantes, quienes celebraban a puerta cerrada, en bailes privados, aunque también disfrazados, al igual que las patrullas. Ambos carnavales (el popular y el de las élites) convivieron sin mezclarse hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando, poco a poco, las jerarquías rígidas entre las clases sociales comenzaron a disolverse.
En la década de 1920, el presidente Leguía implementó el carnaval como una fiesta nacional, bajo el modelo del carnaval italiano. Este modelo fue entonces importado a Cajamarca. Así se organizó un día central: el corso (término italiano), que se convirtió en la columna vertebral de la festividad. Aparecieron la figura de la reina, los carros alegóricos, las comparsas y las bandas musicales que acompañaban los desfiles. Sin embargo, seguía siendo un carnaval organizado por las élites. Probablemente, esta forma de carnaval atravesó una crisis durante algunos años, ligada a los cambios sociales y económicos que experimentaba el Perú.
Mientras en Lima el carnaval fue prohibido en la década de 1950 (debido a su masificación y a los excesos que derivaban en hechos violentos), en Cajamarca ocurrió lo contrario. La intensa migración del campo a la ciudad en esos años trajo consigo tradiciones y costumbres rurales, como la música campesina (con las coplas y el uso de la guitarra de Namora, por ejemplo), la chicha de jora y el chicharrón, que dieron un nuevo impulso al carnaval y generaron una fusión cultural que perdura hasta hoy. En efecto, fue don Guillermo quien tomó estos elementos para crear la música del carnaval.
En ese contexto, la municipalidad asumió un rol más activo, organizando concursos de coplas, comparsas y reinas, que continúan realizándose hasta la actualidad (no se descarta que ello haya estado influido por el gobierno de Velasco, cuyas políticas promovieron la reivindicación cultural). Asimismo, la figura del Ño Carnavalón, aunque provenía desde mucho antes, se consolidó como el día de la pintura.
De esta manera, mientras en Lima se gestaban la música y las fiestas chicha a partir de la migración masiva de las regiones (que a la postre se convertirían en un símbolo identitario del llamado “desborde popular”) en Cajamarca se desarrolló un proceso similar, pero en torno al carnaval. Así, el carnaval se convirtió en un símbolo identitario de la localidad.
En la actualidad, el carnaval ha experimentado nuevas transformaciones. Junto a los grupos musicales tradicionales (con orígenes y estilo rurales) han surgido agrupaciones con instrumentos de banda (tarola, bombo y trompeta), probablemente influenciadas por las bandas escolares y los grupos de rock de la década de 1990. La municipalidad también ha institucionalizado la guerra de globos en fechas previas, una práctica que antes era más espontánea. A ello se suman las fiestas con grupos de salsa y cumbia en la Recoleta.
Hoy, el carnaval se ha masificado y atraviesa problemas similares a los que se vivieron en Lima en su momento (década de 1950), situación que llevó a su prohibición: registra una gran afluencia tanto de ciudadanos cajamarquinos (muchos de ellos migrantes recientes provenientes de zonas cercanas) como de turistas, y se ha convertido en una fiesta sin control. Además, presenta serios problemas de organización.


Imagen: Foto del carnaval de las décadas de 1950 o 1960, cuando aún no se definía como el carnaval actual, sino que conservaba las tradiciones de la primera mitad del siglo XX. El personaje que aparece en lo más alto es “La Sombra”, el mejor combatiente del barrio San Sebastián. Probablemente se trate del señor Segundo Alcalde, aún con vida y con más de 90 años. Lo acompañan, en la parte inferior, los clones, la gitana, el mexicano y otros personajes de las patrullas. A la derecha también se observan personajes de la patrulla del barrio Cumbe Mayo. Plaza de Armas. Fuente: Archivo de Gabriel Barrantes, custodiado por el Archivo Regional. Foto digitalizada por Irma Cabrera.

Fuentes:
• Archivo fotográfico de Barrantes, Gabriel. Archivo Regional de Cajamarca. Digitalizado por Irma Cabrera.
• Busse, Mónica. “De oropeles y abandonos”. 1992.
• Chávez, Karla. Estudio intergeneracional sobre los cambios referidos al carnaval cajamarquino. Tesis de pregrado, UNC, 2019.
• Dioses Ortiz, Estephani. Políticas culturales del gobierno de Velasco Alvarado (1968–1975), tesis de pregrado. Piura: UP.
• Historia del carnaval. Sucedió en el Perú, de TV Perú.
• León, Carlos. "Carnavalito… en mi tierra… ¡lo más bonito!" Cajamarca: MPC, 2015.
• Matos, José. Desborde popular y crisis del Estado. Lima: IEP. 1984.
• Quiroz, Eugenia. La copla cajamarquina: las voces del carnaval. Tesis de pregrado, UNMSM, 1997.
• El antiguo carnaval limeño. Lima: Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS).
• Análisis de recortes de periódicos, entrevistas, conversaciones personales, declaraciones, fotografías, vídeos, noticias, publicaciones en redes sociales, entre otros.

domingo, 1 de marzo de 2026

Raíces caxamarcas y criollas de Alfonso Barrantes Lingán

 Por Carlos Reyes:

Los antepasados caxamarcas de Alfonso Barrantes Lingán

Los Lingán podrían descender de las familias Chuplingón o Ninalingón, linajes caxamarcas originarios de la waranga de Guzmango (actual Contumazá). Alonso Caruatongo Chuplingón fue cacique de la waranga de Chondal (actual San Miguel) en 1540. Su sobrino, Sebastián Ninalingón, ocupó el cargo de cacique principal de las siete warangas caxamarcas a finales de ese siglo.

Alfonso Barrantes Lingán nació en San Miguel de Pallaques en 1930, hijo de Alfonso Barrantes Castañeda y María Peregrina Lingán Celis. Su madre falleció cuando él era niño, por lo que quedó bajo el cuidado de su tía Susana Lingán Celis, a quien siempre llamó “mamá Anita”.

María Peregrina, madre de Frejolito, fue bautizada en la parroquia de San Miguel en 1897 y fue una de las cerca de 16 hijas de José Mercedes Lingán Arce y María Gregoria Celis. José Mercedes, natural de Sayamud, San Miguel, fue comerciante, juez, receptor de correos y maestro de capilla. María Gregoria, originaria de la misma localidad, fue tejedora, oficio que compartió con sus hermanas Beatriz, Asunción y Petronila.

Algunos de los hermanos de María Peregrina fueron María Estilita (la mayor de todos), Octavio (educador y escritor), José Demetrio (notario público en Chongoyape y Guadalupe), David, Carlomagno (quien acogió a Alfonso en su casa en Lima cuando era estudiante), Susana (quien lo educó), Rosario, Alejandro, Darío (mecánico), Augusto, entre otros.

Los padres de María Peregrina, es decir, los abuelos maternos de Frejolito, fueron José Lingán y María Celis. Se casaron en la parroquia de San Miguel en 1876. José Lingán fue bautizado en 1855 y era hijo, a su vez, de Felipe Lingán y Micaela Cueva. Por su parte, María Celis, abuela materna de Frejolito, fue bautizada en 1857 y era hija de Ygnacio Celis y María Cruzado.

Los Lingán, poco a poco, salieron del campo y se establecieron en la ciudad. En consecuencia, sus oficios u ocupaciones fueron pasando de la agricultura y la artesanía a actividades más urbanas o citadinas. Un ejemplo es el caso del tío Octavio de Alfonso, quien fue un escritor y educador reconocido en su tiempo.

Asimismo, fueron mestizos, a pesar de llevar un apellido de origen prehispánico. El mestizaje fue muy fuerte en Cajamarca y, en general, en el norte peruano.


Imagen: Alfonso junto a Susana Lingán, "mamá Anita", y una de sus tías al lado. 
Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=V62Qim1juCI


Los antepasados españoles o criollos de Alfonso Barrantes Lingán

El lado español o criollo de Frejolito le viene por el apellido Barrantes, mientras que el Lingán, del cual ya hablamos, pertenece a su linaje más indígena, autóctono o prehispánico.

El antepasado más antiguo de Frejolito que encontré fue su trastatarabuelo, Juan Barrantes, español o criollo que habría llegado a Cajamarca a fines del siglo XVIII (época colonial). En aquel entonces, Cajamarca aún tenía bastante riqueza, sobre todo por las minas de Hualgayoc; inserto en ese sistema estaba San Miguel, como abastecedor de productos de toda índole. En efecto, San Miguel era entonces un distrito o localidad dentro de la jurisdicción de Hualgayoc y Hualgayoc, a su vez, del partido o subdelegatura de Chota. 

Juan Barrantes, el trastatarabuelo de Frejolito, fue también un destacado político: juró la Constitución Liberal de Cádiz de 1812. Así está registrado en los documentos. Quiere decir, entonces, que este Juan estaba a favor de mayores libertades dentro del sistema de gobierno español.

El hijo de Juan Barrantes fue José Manuel Barrantes, es decir, José fue el tatarabuelo de Frejolito. Él también fue un político importante: fue diputado de la Constituyente de 1822, encargada de elaborar la Primera Constitución del Perú.

Por otro lado, el hijo de José Manuel Barrantes fue Pascual Barrantes, quien llegaría a ser el bisabuelo de Frejolito. Este Pascual Barrantes tuvo un hijo: Tiburcio Barrantes Salazar, quien alcanzó bastante fama en su época, debido a que era un hacendado poderoso, probablemente el mayor —o uno de los mayores— de Llapa. Según Taylor, estuvo involucrado en varias componendas bandoleras a fines del siglo XIX. También Tiburcio fue jefe de la columna de Llapa en la Guerra con Chile en 1882, por lo que participó en aquella batalla que tuvo muchas bajas, pero que terminó siendo victoria de los peruanos. Así, el abuelo de Frejolito fue también un héroe de la Guerra con Chile.

Tiburcio tuvo varias parejas y varios hijos en cada una. En este caso, se comprometió con Aurelia Castañeda Barrantes, la abuela de Frejolito.

Finalmente, Tiburcio Barrantes fue padre de Alfonso Barrantes Castañeda, el padre de Frejolito: abogado, magistrado y miembro de la junta de sanmiguelinos más encumbrados de su tiempo. Fue fundador del primer colegio secundario privado de San Miguel y miembro destacado de la comisión que buscó la creación de un colegio secundario público en San Miguel. Asimismo, integró la comisión que promovió la creación de la provincia de San Miguel en 1964, ya que hasta entonces era un distrito de Hualgayoc, situación que venía desde la Colonia, pero frente a la cual ahora se buscaba mayor autonomía.


Imagen: Alfonso Barrantes Castañeda, el papá de Frejolito.
Fuente: https://www.cajamarca-sucesos.com/san_miguel/mitos_cuentos/Alfonso_Barrantes_Angoc.pdf


Imagen: Tiburcio Barrantes Salazar, abuelo de Alfonso. Fuente: Archivo de Socorro Barrantes Zurita.

Mi parentela con Alfonso Barrantes

Mi parentesco con Alfonso Barrantes viene por el lado de mi abuela paterna: Luz Quiroz Goicochea. Ella, mi abuelita, es nieta de Celso Quiroz Barrantes, quien vendría a ser mi tatarabuelo.

Celso era hijo de Andrea Barrantes, y Andrea Barrantes fue hermana de Carmen Barrantes. Carmen es la bisabuela de Frejolito. Ella fue madre de Aurelia Castañeda Barrantes, quien, a su vez, es la abuela de Frejolito y madre de su padre, Alfonso Barrantes Castañeda.

Quiere decir que tanto mi abuelita Luz como Alfonso descendían de dos hermanas que fueron las bisabuelas de cada uno.

Mi abuelita me contó alguna vez, allá por el 2011 o 2012, cuando yo ya estudiaba en San Marcos y regresaba a Cajamarca en mis vacaciones para visitar a mis padres y a ella, que Alfonso la trataba de “prima Luchita”. Con ese dato fue que luego me embarqué en la búsqueda de nuestro parentesco con este exalcalde de Lima.


Imagen: Mi abuelita: Luz Quiroz Goicochea, prima lejana de Alfonso. Fuente: Mi archivo familiar.



Imagen: Alfonso Barrantes Lingán, "Frejolito".

Fuente: https://picryl.com/media/alfonso-barrantes-lingan-3d6be0


Alfonso Barrantes Lingán, “Frejolito”, fue alcalde de Lima en 1983 y candidato a la presidencia en 1985. Logró la gesta de unir a las izquierdas en el Perú.


Fuentes:

  • Blog “San Miguel de Cajamarca”, de Víctor Hugo Alvítez.

  • FamilySearch International. FamilySearch — Sitio web de genealogía y registros históricos. Salt Lake City, Utah, EE. UU.: FamilySearch.org, organización sin fines de lucro operada por The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints (fundada en 1894). Disponible en: https://www.familysearch.org

  • Remy Simatovic, María del Pilar. Los curacas de Cajamarca y el sistema colonial (siglo XVI, inicios del XVII). Tesis de Maestría en Historia. Pontificia Universidad Católica del Perú, Escuela de Posgrado, Lima (2011). Disponible en el repositorio digital PUCP: http://hdl.handle.net/20.500.12404/1268

  • Taylor, Lewis. Gamonales y bandoleros: violencia social y política en Hualgayoc–Cajamarca, 1900-1930. 2. ed. Lima: Lluvia Editores, 2023.

  • Reportaje y entrevista a Alfonso Barrantes: https://www.youtube.com/watch?v=V62Qim1juCI


sábado, 28 de febrero de 2026

De Cajamarca a Jauja: mis antepasados Rojas y Luján

Mateo Nieto Aranda: un sombrerero del Jauja republicano

Mateo Nieto Aranda, mi trastatarabuelo materno, vivió 105 años. Nació en 1830, apenas unos años después de la independencia del Perú, en el barrio de Yauyos, en Jauja, un barrio tradicionalmente tunantero. Fue hijo de Santos Nieto y Manuela Aranda, quienes habrían nacido y vivido a fines del período colonial en el mismo lugar: el centro del Perú, con alta probabilidad de haberse dedicado también a la vida campesina y artesanal.

De profesión, Mateo era sombrerero, un oficio artesanal de gran importancia en la vida rural andina. En aquella época, los sombrereros elaboraban sombreros de paja y fieltro, esenciales para la vestimenta cotidiana de campesinos y comerciantes, pues los protegían del sol intenso del valle del Mantaro y simbolizaban su identidad regional. Además, Mateo se dedicaba también a la agricultura, combinando la producción artesanal con el trabajo del campo, como era común entre los habitantes de Jauja a fines del siglo XIX.

Se casó con Manuela Bravo Hinostroza, diez años menor que él, con quien tuvo varios hijos. Una de ellas fue mi tatarabuela, Julia Nieto Bravo, madre, a su vez, de mi bisabuela Juana Luján Nieto.

Mateo falleció en 1935, en Jauja, a causa de una infección intestinal. Su yerno, Antonio Luján, mi tatarabuelo, fue uno de los encargados de registrar su partida de defunción.



Imagen Referencial. Fuente: https://shorturl.at/fZP3B

Felipe Rojas: de teniente gobernador colonial a patriota sanmiguelino

Felipe Rojas, bisabuelo de mi tatarabuela Úrsula Rojas, fue teniente gobernador de San Miguel de Pallaques (Cajamarca), dentro de la intendencia de Trujillo, durante el virreinato del Perú. Como gobernador español, su función era representar la autoridad del virrey en la localidad, supervisar la recaudación de impuestos, mantener el orden público y administrar justicia en asuntos civiles y administrativos. Era, en esencia, la máxima autoridad local bajo el régimen colonial, encargada de coordinar las actividades de la población y asegurar que las leyes virreinales se cumplieran en su jurisdicción.

A pesar de su posición vinculada al poder colonial, Felipe Rojas se convirtió en un activo patriota durante la lucha por la independencia del Perú. Participó en la primera Junta Electoral de San Miguel, que tuvo la responsabilidad de elegir al primer alcalde local, Agustín Medina, marcando así la transición del gobierno virreinal a las autoridades republicanas. 

Felipe Rojas contrajo matrimonio con Ignacia Barrantes, con quien tuvo siete hijos: Mariano, Gregorio, Andrés, Pedro, Francisco, Joaquín y Damián Rojas Barrantes. Uno de ellos, Pedro, se casó con Úrsula Cavanillas Solís, y juntos fueron padres de Luis Rojas Cavanillas, quien a su vez fue padre de mi tatarabuela Úrsula Rojas. Úrsula, hija también de Ynocenta Becerra, nació en Llapa, San Miguel, en 1881 y vivió hasta los 99 años.

Mi conexión con los Rojas de San Miguel


Pedro Rojas Cavanillas, hermano de mi trastatarabuelo Luis Rojas Cavanillas, fue padre de María Luisa Rojas Barrantes, esposa de don Jacob Novoa. Así, mi tatarabuela Úrsula fue prima hermana de María Luisa.

Francisco Rojas Barrantes, hermano de mi trastatarabuelo Pedro Rojas Barrantes, fue bisabuelo de María Luisa Rojas Barrantes, esposa de don Telmo Quiroz. Por lo tanto, mi tatarabuela Úrsula fue tía de María Luisa.


Imagen referencial. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Virrey



domingo, 29 de octubre de 2023

Reseña de “Nueva Relación de Celendín” de Jorge Aliaga


Por Carlos Reyes:

El libro Nueva Relación de Celendín, donde se cuenta de sus espacios, actores y hechos entre 1565 y 1809, de Jorge Aliaga, fue publicado en 2022 y presentado este año en Lima y Celendín. Se trata de un texto amplio y sustancioso: 606 páginas divididas en nueve capítulos. Es una obra valiosísima, en tanto explora el periodo virreinal celendino a partir de fuentes primarias. Según el autor, es el resultado de más de treinta años de investigación.

No es posible abordar aquí el contenido completo del libro; sin embargo, intentaré ofrecer un resumen significativo.

En la primera parte, Aliaga desentraña el origen del nombre “Celendín”, al tiempo que examina los inicios coloniales del pueblo. Asimismo, analiza la economía local, sus actores sociales y sus representaciones, así como las milicias y el sector eclesiástico.

Sobre el origen del nombre “Celendín”, sostiene que proviene del nombre de una pachaquía (ayllu) reducida en la zona en el siglo XVI: “Chilic”. A partir de transformaciones lingüísticas, el nombre habría evolucionado a “Chilic-dén” y luego a “Chilic-dín”. De allí también que a los celendinos se les conozca como “chilicos”. Con ello, Aliaga responde a una de las interrogantes históricas más persistentes en la localidad.

Por otro lado, señala que Celendín tuvo una primera fundación en 1565 como “pueblo de indios”, bajo el nombre de “San Lucas de Manchepampa de Zelendín”. En ese contexto, la Corona española dispuso que fuese un espacio de residencia exclusivamente indígena, en el marco de la política de separación entre la república de españoles y la república de indios. Sin embargo, pese a la prohibición, el lugar fue poblado por españoles, mestizos y otros grupos, lo que terminó por desestructurarlo como pueblo de indios. A diferencia de lo ocurrido en Caxamarca, parece que no hubo una resistencia local significativa frente a este proceso.

En la segunda mitad del libro, el autor aborda la presencia de portugueses en Celendín, así como el proceso de fundación y elevación a villa. Examina también aspectos sociohistóricos, lingüísticos, tradiciones, cambios y otros hechos socioculturales.

En los últimos años del virreinato emergió en Celendín una nueva élite local, integrada, entre otros, por portugueses. Los apellidos que Aliaga identifica son Pereyra, Díaz, Rodríguez y Silva. No obstante, enfatiza que no existen evidencias que sustenten la idea de que hayan sido “judíos”, desmontando así un mito que ha circulado sin mayor respaldo documental.

Esta élite fue la que fundó en 1802 la villa “Bella Amalia de Zelendín”, con el apoyo del obispo Martínez Compañón. Sin embargo, dicha fundación no se realizó sobre un espacio vacío o sin categoría legal, sino sobre una sociedad étnica y culturalmente diversa —tras casi tres siglos y medio de convivencia interracial— y sobre el ya desestructurado pueblo de indios fundado en 1565.

Finalmente, puede afirmarse que este libro es único en su género. No se ha encontrado otra obra tan extensa, detallada y analítica sobre el periodo virreinal de alguna provincia cajamarquina. Es un texto al que se le podría sacar mucho provecho: manuales escolares, cómics, reseñas, artículos, conferencias, cursos, documentales, entre otros formatos de difusión. Asimismo, su contenido podría incorporarse al currículo escolar —tarea que podría asumir la UGEL—. Hay mucho por hacer en torno a esta obra, como diría el vate Vallejo.




viernes, 25 de agosto de 2023

Hacia la digitalización del Archivo Histórico de Cajamarca

Por Carlos Reyes y Juan Alvítez:

Las autoridades, en todo el mundo, están digitalizando sus archivos históricos como parte de una estrategia de modernización institucional y de mejora de sus servicios. Con ello, conservan el patrimonio documental, eliminan barreras burocráticas y fomentan la investigación científica.

Cajamarca cuenta actualmente con un Archivo Histórico Regional que funciona en el Complejo Belén, es decir, dentro de un museo que no reúne las condiciones adecuadas de infraestructura, organización, ambientación ni seguridad. Además, posee documentos históricos y una fototeca en mal estado (pendientes de restauración). Asimismo, no existe un inventario ni una catalogación completa de su contenido (solo se dispone del Índice General y del Inventario de las Causas Civiles del Corregimiento Español). Tampoco cuenta con personal técnico para una atención exclusiva ni con un espacio apropiado para la investigación histórica. En consecuencia, el Archivo se encuentra hoy en condiciones bastante precarias.

Sin embargo, recientemente el Gobierno Regional, bajo la gestión de Roger Guevara, ha iniciado la construcción de un nuevo local para el Archivo en el complejo Cápac Ñan. No obstante, esto por sí solo no es suficiente.

Tareas urgentes para modernizar el Archivo Histórico de Cajamarca

En primer lugar, el traslado de la documentación desde el antiguo al nuevo local debe realizarse con las medidas de seguridad adecuadas. Se trata de documentación muy delicada, gran parte de ella en mal estado, y con un alto valor para traficantes de bienes patrimoniales. Asimismo, el nuevo local debe contar con infraestructura y equipamiento modernos que permitan recibir y conservar adecuadamente todo el material trasladado.

La siguiente tarea consiste en contratar a un archivero experto que elabore un “diagnóstico” de la situación actual del Archivo, a fin de conocer con precisión su estado y las acciones necesarias para su mejora.

Posteriormente, este mismo especialista podría diseñar un “plan de acción”, con su respectivo presupuesto, orientado a ordenar el acervo, remediar daños y superar deficiencias. Dicho plan debería contemplar la contratación de personal especializado, como archiveros, paleógrafos, historiadores y restauradores, entre otros.

Este equipo técnico tendría la responsabilidad de superar las principales limitaciones del Archivo: delimitar las áreas histórica y contemporánea, restaurar documentos, descifrarlos, inventariarlos y catalogarlos en su totalidad. Podría iniciarse con la documentación más antigua y en peor estado, correspondiente al siglo XVI (siglo de la conquista), para luego avanzar hacia los siglos XVII y siguientes.

Superadas las deficiencias, avanzar hacia la digitalización

Una vez que se haya puesto “orden en el caos”, como suele decirse, mediante las acciones anteriormente señaladas, se podría avanzar hacia la digitalización del Archivo Histórico de Cajamarca. Para ello se requeriría personal técnico especializado en sistemas, software o tecnología, con el que, al parecer, el Gobierno Regional ya cuenta en el Área de Transformación Digital. La documentación digitalizada podría incorporarse a un repositorio adscrito a la página web del Gobierno Regional de Cajamarca, con acceso libre para la ciudadanía y los investigadores.

¿Cuál es la importancia del Archivo Histórico?

El sentido común podría sugerir que allí solo se conserva documentación antigua sin utilidad práctica, o que interesa únicamente a historiadores curiosos del pasado. Sin embargo, no es así. Esa documentación contiene información sobre la realidad territorial y poblacional de Cajamarca a lo largo de más de seis siglos. Se trata de conocimientos que podrían servir a las autoridades como herramientas para una mejor gestión del territorio y de la población.

Para disponer de estos conocimientos científicos sobre la región, los documentos del Archivo deben facilitarse, en las mejores condiciones, a los investigadores. Ellos se encargan de revisar e interpretar dicha información mediante artículos, tesis, ensayos, proyectos de investigación, documentales y libros, entre otros productos académicos.

Finalmente, se puede hacer más

El Gobierno Regional podría organizar y digitalizar también el material de investigación ya existente sobre la región —como tesis universitarias y libros— en un repositorio especializado. Asimismo, podría fomentar la investigación sobre Cajamarca mediante proyectos y concursos de financiamiento.

Por otra parte, Cajamarca carece de suficientes escuelas profesionales universitarias e institutos que promuevan la investigación científica. La mayoría de las carreras están orientadas principalmente a la formación de profesionales para el mercado laboral, con un enfoque más práctico que investigativo. En ese sentido, el Gobierno Regional, mediante convenios con las universidades, podría impulsar la creación de nuevas carreras e institutos con un énfasis también científico e investigativo.



Fuentes:

- Imagen referencial: https://www.entrerios.gov.ar/cultura/mas-info-archivo/

domingo, 23 de julio de 2023

Mis antepasados Quiroz Barrantes y Rojas Becerra. Mi genealogía sanmiguelina.

Por Carlos Reyes:

A través de este texto presento la información que he recopilado hasta el momento sobre mi árbol genealógico sanmiguelino, el cual tiene su origen en mi padre, Ney Reyes Quiroz, hijo de Carlos Reyes Yllescas (limeño) y Luz Quiroz Goicochea (sanmiguelina).



Imagen: referencial, San Miguel en los años 60's o 70's.

Mi abuelo Carlos Reyes Yllescas, guardia y pequeño comerciante

Mi abuelo, Carlos Tomás Reyes Yllescas, nació en El Rímac (Lima) en 1903, aunque su partida de bautizo fue registrada en la parroquia Santa Rosa del Callao. De su infancia y juventud se sabe muy poco. Solo que migró a San Miguel en la década de 1920, cuando tenía entre 21 y 23 años. Como guardia civil, llegó destacado a Hualgayoc para combatir el bandolerismo local y, desde entonces, no volvió a residir en Lima.

Era de tez morena; al parecer, tenía ascendencia afro por el lado materno.

Mi padre comenta que a mi abuelo no le gustaba hablar de su vida en Lima. Sin embargo, un tío de cariño y gran amigo suyo, Jesús Malca Salcedo, “Cudo”, me contó que en la capital tuvo una hija, farmacéutica, de quien no tenemos mayor información. También señaló que tuvo alrededor de tres hermanos de apellido Reyes Yllescas (una de ellas llamada Angélica). Asimismo, habría sido aprista en su juventud y, posteriormente, simpatizante de Acción Popular.

Según el tío “Cudo”, su primer compromiso fue con la sanmiguelina Zenobia Malca, pariente de don Luis Malca Alvarado. Con ella tuvo una pequeña tienda de venta de telas, relación que duró poco tiempo.

Tras retirarse de la Guardia Civil, se dedicó al pequeño comercio. Tenía una tienda surtida en las inmediaciones de la plaza de armas de San Miguel, a la que acudían tanto adultos como niños.

Mantuvo una buena relación con los sanmiguelinos de su época, entre ellos personajes notables y autoridades. Fue tesorero durante varios periodos del Club Unión Fraternal; su nombre figura en registros desde las décadas de 1930 o 1940. Junto a otros miembros del club, impulsó la creación del primer colegio secundario privado de la localidad y, posteriormente, del público, en el que participó como primer instructor premilitar.

Fue hijo de Genaro Hernán Reyes Álvarez, abogado limeño, y de María Yllescas, también limeña. Falleció a los 77 años, el 11 de junio de 1980, en San Miguel. Sus restos descansan en el cementerio de la localidad.

Mi abuela Luz me comentó que mi abuelo Carlos Reyes tenía ascendencia italiana por el lado paterno; sin embargo, esta información aún no ha sido corroborada documentalmente.

Imagen: Mi abuelo Carlos Reyes, llegado a San Miguel hacía pocos años. 1932. La foto la conservaba mi mismo abuelo.

Mi abuela Luz Quiroz, docente

Luz Victoria Quiroz Goicochea nació en San Miguel en 1922. Fue hija de Víctor Artidoro Quiroz Quiroz y Carmen Goicochea Rojas. Tuvo dos hermanos de padre y madre, pero ambos fallecieron a muy temprana edad, probablemente a causa de las epidemias de la época (una de ellas fue Rosa Antonia).

Era de baja estatura, de cabello ligeramente ondulado, tez trigueña y tenía un lunar en la quijada.

Mi abuela Luz tuvo dos compromisos. El primero fue con Edmundo Polar, arequipeño y guardia civil, quien llegó a San Miguel a fines de la década de 1930. Con él tuvo cinco hijos: Walter, Jorge, Miriam, Doris y Teresa, todos Polar Quiroz (medios hermanos de mi padre). De los cinco, dos fallecieron: Teresa, cuando era adolescente, y Jorge, en 2021, en el contexto de la pandemia. De Edmundo Polar se sabe también que vivió y tuvo descendencia en Chiclayo y Cajamarca.

Del tío Walter Polar y Dora Usquiano descienden mis primos Walter, Giovana, Aracelli, Jessica y Richard, todos Polar Usquiano. Del tío Jorge Polar y Nery Cubas descienden mis primos Jorge “Coqui”, Marilyn, Marisol, Carlos “Calín” y Miroslava “Mirucha”, todos Polar Cubas. De su compromiso con Irene Huangal descienden mis primos Jorge “Coco” y Gerald, ambos Polar Huangal. De la tía Miriam Polar y Germán Ortega descienden mis primos Antonio, Elva, Milko y Ana, todos Ortega Polar. De mi tía Doris Polar y Luis Elera descienden mis primos Luis “Lucho”, Úrsula “Lita”, Luz “Tata” y Rolando “Roli” (fallecido), todos Elera Polar.

Posteriormente, mi abuela Luz se comprometió con Carlos Reyes Yllescas, limeño y guardia civil, mi abuelo. Con él tuvo cuatro hijos: Carlos “Calín”, Homero “Conejo”, Rolando y Ney “Chiteta”, este último mi padre. De los cuatro, dos han fallecido: Calín, a los 16 o 17 años, el 4 de junio de 1974, a consecuencia de un golpe sufrido mientras jugaba un partido de fútbol en San Pablo; y Rolando, siendo apenas un niño de 3 o 4 años, en la década de 1960, producto de una caída que le ocasionó un golpe en la cabeza.

Del tío Homero Reyes y Manuela Hernández descienden mis primos Rosa Luz, Luz Aurora y Homero “Piolín”, todos Reyes Hernández. Por parte de mi padre, somos tres hermanos: Ney, el mayor; yo, el segundo; y Kati, la menor.

Mi abuela Luz cursó la primaria en la “Escuela Primaria de Mujeres Ex 74” de San Miguel y parte de la secundaria en el colegio “Santa Teresita” de Cajamarca. Más adelante se convirtió en docente de primaria: primero como profesora de tercer grado y luego como profesora titulada. Ejerció esta labor durante muchos años, desde la década de 1940 hasta su ascenso al cargo de directora y su posterior jubilación en 1983. Inició su carrera en caseríos y centros poblados alejados, como Santa Rosa, Chuad, Santa María, Nitisuyo Bajo y Calquis; posteriormente trabajó en la ciudad de San Miguel.

A veces pienso que su destino como tejedora —oficio de su madre y su abuela— no se concretó debido a la crisis del comercio con Ecuador, que se agudizó tras la guerra de 1941. Tal vez por ello, su madre y su abuela decidieron que se dedicara a la docencia, una ocupación que en aquellos años se abría como una nueva e interesante oportunidad laboral, en el marco de la promoción de la educación en el ámbito nacional y regional.

Imagen: Mamá Luz y mi papá Ney, en Cajamarca. 1972 aprox. La foto la conservaba mi abuelo CR.

Mis recuerdos de Mamá Luz

Recuerdo mucho a mamá Luz porque venía a Cajamarca a visitarnos siempre. En aquellos años de mi niñez, todavía estaba lúcida. Llegaba con su maletita en uno de esos autos-lanchas antiguos, además con una cajita llena de panes, rosquitas y queso, después de un viaje largo en aquellos años de 6 a 8 horas, pues no había carretera asfaltada. Yo salía a verla a la ventana, emocionado, y bajaba las gradas rapídísimo para ayudarla con la maleta. Subía con ella. Le gustaba ir a Baños del Inca, decía que esas aguas termales eran sanadoras.

Nosotros también íbamos a visitarla a San Miguel, con menos frecuencia pero siempre íbamos. El trayecto era infernal, sobre todo en meses de verano cuando llovía mucho y la carretera estaba llena de lodo. Recuerdo que llegábamos en la noche y ella nos recibía con mucho cariño, con la cama limpia y listecita para dormir, con un riquísimo lonche con café (que lo tostaba con cebada), panes, bizcochuelos y quesos, muy ricos, y mataba y preparaba cuycito para el almuerzo del día siguiente. Mamá Luz vivía entonces acompañada de su mamá, "mamá Carmen", mi bisabuela, quien tenía una camita muy cerca a la puerta de ingreso, en el primer piso. La recuerdo ahí, en su camita o sentadita, bastante viejecita. 

Como buena sanmiguelina, a mi mamá Luz le gustaba escuchar pasillos, polkas y sanjuanitos ecuatorianos, además de boleros y vals. Tenía un tocadiscos y discos de vinilo de los mejores grupos de aquellos géneros musicales. Le gustaba cantar "El jarro verde" (vals, segundo himno de San Miguel) y "La flor del café", un yaraví norteño.

Mamá Luz falleció a la edad de 96 años con un alzheimer y una fractura a la cadera que la aquejó durante sus últimos años, el 21 de julio del 2016. En paz descanse mi querida Mamá Luz. 

Imagen: Mamá Luz como docente de la escuela primaria de San Miguel. 1970 aprox. La foto la conservaba mi abuelo CR.

Mi bisabuelo Artidoro Quiroz, carpintero

Cuentan mis tíos que lo conocían como “Shansho”, debido a sus cabellos crespos. Víctor Artidoro Quiroz Quiroz nació en 1902 y fue bautizado en 1903. De oficio carpintero, realizaba trabajos como cómodas, sillas y ataúdes, entre otros. En algún momento también ejerció, de manera pasajera, el cargo de juez de paz. Fue hijo de Celso Quiroz Barrantes, sanmiguelino, y de Melchora Quiroz Jave, natural de San Pablo.

Se comprometió primero con Carmen Goicochea Rojas, “mamá Carmen”, con quien tuvo a su única hija de esa unión: Luz Quiroz Goicochea (mi abuela).

Posteriormente se comprometió con Clara Huerta Espinal, con quien tuvo varios hijos, entre ellos mi tío Ángel Rosalino Quiroz Huerta, mi tía Gioconda Quiroz Huerta y mi tío Celso Efraín Quiroz Huerta, conocido como “Shequihue”. El primero fue padre de mis primos Elizabeth, Carlos y Miguel Quiroz Ascurra; y la segunda, madre de mis primos Luis Alberto, Antero, Silvia y Carlitos Ramírez Quiroz, con quienes siempre nos reunimos.

“Papá Artidoro”, como le llamaban y a quien no llegué a conocer, padeció Alzheimer en su vejez (enfermedad que también sufrió mamá Luz). A causa de ello, se extravió en las calles de Lima y no se volvió a saber más de él.

Imagen: Papá Artidoro está con un grupo de amigos y vecinos. Él está con terno (saco abierto) a la derecha, parado. Sobresale porque es el más gordito. 1960 aprox. La foto está en el blog San Miguel de Cajamarca de Víctor Hugo Alvítez.

Mi bisabuela Carmen Goicochea, tejedora

María del Carmen Goicochea Rojas, “mamá Carmen”, fue tejedora y también tuvo una pequeña tienda. Nació en 1902 y fue bautizada en 1903. Fue hija única de la relación entre Úrsula Rojas Becerra y Manuel María Goicochea La Torre, natural de San Pablo. Por parte materna tuvo dos medio hermanos: Antonio Rivasplata Rojas y Edmundo Rivasplata Rojas.

La recuerdo ya muy anciana, sentada cerca de la puerta de ingreso de su casa. En esos años casi no podía caminar. Era de tez muy blanca, con el cabello igualmente blanco, y solía estar siempre bien abrigada. Tejía chales, pañuelos, manteles y otras prendas; había heredado el arte textil de su madre, Úrsula, y probablemente de su abuela Inocenta Becerra, pues era una tradición que se transmitía entre mujeres. Durante muchos años vivió en la misma casa que su madre, al costado de la de mi mamá Luz.

Mamá Carmen fue también tía de Antonio Goicochea Cruzado, reconocido poeta y declamador sanmiguelino. Falleció a los 94 años, en 1996. Yo era muy niño y vivía en Cajamarca, por lo que no viajé a San Miguel; sin embargo, mis padres sí asistieron a su velorio y entierro.


Imagen: Mamá Carmen con uno de sus tejidos. Foto que conserva tía Miriam Polar.


Mi tatarabuelo Celso Quiroz, pequeño comerciante

Celso Neftalí Quiroz Barrantes fue natural de San Miguel. Nació el 30 de noviembre de 1877 y fue bautizado al año siguiente. Falleció a los 36 años, el 15 de agosto de 1914, a causa de una “congestión cerebral”, según consta en su partida de defunción. Fue hijo del cajamarquino Toribio Quiroz Jave, sastre y comerciante, y de la sanmiguelina Andrea Barrantes Bustamante.

También se dedicó al pequeño comercio y tuvo tres relaciones sentimentales. La primera fue con Melchora Quiroz Jave, sanpablina; la segunda, con Clotilde Caballero Quirós, sanmiguelina; y la tercera, con una señora de apellido Suárez, natural de Sunudén.

De su primera relación con Melchora Quiroz Jave nacieron sus hijos mayores: Enrique, Carmen (casada con Rafael Correa) y Artidoro, todos Quiroz Quiroz (este último, padre de mi abuela Luz). De Enrique desciende mi tía Marlene Cruzado Quiroz, policía en retiro, quien vive en Lima.

Con su segunda pareja, Clotilde Caballero Quirós —hija de Juan Antonio Caballero y Filomena Quirós—, con quien contrajo matrimonio en 1908 (según la partida encontrada), tuvo a sus hijos menores: Celso, Juan Antonio, Clotilde (fallecida a temprana edad) y Rafael, todos Quiroz Caballero.

Celso Quiroz Caballero fue padre de mis tíos Nelly, Luis y Violeta Quiroz Lara. Juan Antonio Quiroz Caballero fue padre de mis tías Haydée Quiroz Malca, antropóloga, y Estela Quiroz Malca, médica; también de mi tío Alberto Quiroz Gamarra, “Cherro”, y de Marina Quiroz, tejedora. De tía Marina descienden los Gálvez Quiroz, entre ellos Rafael, Julio, Leopoldo “Sata” y Pablito. Por su parte, Rafael Quiroz Caballero, casado con Zoila Contreras Montenegro, fue padre de mis tíos Olga, Flor, Elizabeth, Mariela, Rafael, Javier y Clotilde, todos Quiroz Contreras. Él fue alcalde distrital de San Miguel entre 1945 y 1948. La otra hija, Clotilde Cristina Quiroz Caballero, falleció siendo niña.

De Clotilde Caballero se sabe que, durante algunos años, cedió una de sus casas para el funcionamiento del primer colegio secundario privado de San Miguel, razón por la cual es recordada como benefactora de la educación sanmiguelina.

De su tercera relación, con la señora Suárez de Sunudén, nació Eufemia Quiroz Suárez, madre de mi tío Manuel Castañeda Quiroz, “Mañuquito”, y abuela de mi tía Rosita Castañeda Gamarra, reconocida obstetriz y activista sanmiguelina.

Mis tíos Walter y Rosalino afirmaban que mi tatarabuelo Celso Quiroz Barrantes era cajamarquino; sin embargo, no fue así. Él nació en San Miguel. El cajamarquino fue su padre, Toribio Quiroz Jave, quien probablemente lo llevaba de niño o joven a Cajamarca, donde se encontraba parte de su ascendencia (abuelos, tíos y otros familiares que aún sigo investigando). Por esta razón, “papá Artidoro” solía decir, cuando le preguntaban si éramos familia de los Quiroz de San Miguel, que no, porque nosotros éramos “Quiroz de la ciudad”, en referencia a Cajamarca y al propio San Miguel urbano, que en aquel entonces era más rural y estaba rodeado de haciendas, origen de otros linajes Quiroz sanmiguelinos.

Asimismo, hemos identificado un vínculo de Celso Quiroz Barrantes con dos familias de San Miguel. Por un lado, con la de Alfonso Barrantes Lingán, “Frejolito”, exalcalde de Lima (1983–1985) y candidato a la presidencia del Perú en 1985. Por otro, con la del tío Arístides Alvarado Ortega, abogado fallecido recientemente en circunstancias trágicas.

El parentesco con Alfonso Barrantes Lingán proviene de Andrea Barrantes Bustamante, madre de Celso, quien era hermana de Carmen Barrantes Bustamante. Esta última fue madre de Aurelia Castañeda Barrantes, bisabuela de “Frejolito”. En consecuencia, mi tatarabuelo Celso Quiroz Barrantes fue primo hermano de Aurelia Castañeda Barrantes, abuela de Alfonso Barrantes Lingán. Por ello, “Frejolito” y mi abuela Luz Quiroz Goicochea eran primos en grado correspondiente, pues descendían de dos hermanas. De hecho, mi abuela me contaba que él la llamaba “prima Luchita”.

El vínculo con Arístides Alvarado Ortega también proviene de Carmen Barrantes Bustamante, quien tuvo dos hijas con distintas parejas: Aurelia Castañeda Barrantes, fruto de su relación con Máximo Castañeda; y Hercilia Cruzado Barrantes, fruto de su relación con un señor de apellido Cruzado. Esta última fue madre de Arístides Ortega Cruzado y abuela de Hercilia Ortega Novoa. En ese sentido, Arístides era primo de mi padre, Ney Reyes, y mantuvimos con él una relación cercana y familiar hasta hace poco.

Finalmente, hemos hallado los nombres de los abuelos de mi tatarabuelo Celso: Anacleto Barrantes y María Eusebia Bustamante. Es probable que Anacleto descendiera de la pareja formada por José Barrantes y Juana Linares, españoles que habrían llegado a San Miguel en el periodo colonial tardío, a raíz del descubrimiento de las minas de Hualgayoc. Anacleto y María Eusebia tuvieron tres hijas, aunque solo tenemos información confirmada de dos: Carmen y Andrea Barrantes Bustamante. Como se ha mencionado, Carmen es ascendiente de Alfonso Barrantes Lingán y de Arístides Alvarado Ortega, mientras que Andrea fue la madre de mi tatarabuelo Celso.

Imagen: tatarabuelo Celso Quiroz Barrantes, 1910-1915 aprox. Foto que conserva tío Alberto Quiroz "Cherro" y que fue cedida a mi tío Carlos Ramírez.

Mi tatarabuela Úrsula Rojas, tejedora y partera

Úrsula Rojas Becerra, “mamá Úrsula”, fue una reconocida tejedora y partera llapina. Nació hacia 1877 en el entonces caserío de Sabaná, dentro de una hacienda. Todo indica que aprendió tanto el oficio de tejedora como el de partera de su madre, Inocenta Becerra, también natural de Llapa, pues eran saberes tradicionalmente transmitidos entre mujeres.

Por el año aproximado de su nacimiento, se estima que tenía unos cinco años cuando los chilenos llegaron a San Miguel y ocurrió la batalla de San Pablo, en 1882. Un tío me contó que ella solía hablar de la conmoción que sintió durante aquel episodio.

Según su partida de defunción, su padre fue Luis Gonzaga Rojas. A través de él tendríamos parentesco con María Luisa Rojas Barrantes, esposa de don Jacob Novoa Malca. Según Óscar Novoa, mamá Úrsula era prima de María Luisa (dato que también menciona el tío Walter Polar), por lo que estaríamos emparentados con los Novoa Rojas.

Por otro lado, también por la línea de mamá Úrsula, es posible que tengamos parentesco con tía Luzmilita Bravo Barrantes y con los hermanos Alvítez Moncada, entre ellos Víctor Hugo “Pisadiablo” y Mario “Pashón”. El abuelo de tía Luzmilita —y bisabuelo de los hermanos Alvítez Moncada— fue Manuel Barrantes Becerra, llapino, conocido como “Tata Maño”. Sin embargo, Víctor Hugo sostiene que el parentesco vendría tanto por la línea Quiroz como por la Barrantes, asunto que aún estamos investigando.

Asimismo, según refiere el tío Walter Polar, mamá Úrsula tuvo una media hermana llamada Luzmila Rojas, quien migró a Cajamarca y tuvo, con un señor de apellido Cieza, cuatro hijos: Salomón Cieza Rojas (conocido como tío “Shalito”), Emérita Cieza Rojas y Víctor Catalino Cieza Rojas, entre otros.

Mamá Úrsula salió joven de Llapa y se comprometió primero con Manuel Goicochea La Torre, sanpablino y administrador de la hacienda Libes, con quien tuvo una hija: Carmen Goicochea Rojas, sanmiguelina y también tejedora (madre de mi abuela Luz). Esta relación ocurrió cuando ella tenía entre 20 y 25 años, hacia fines del siglo XIX.

Su segundo compromiso fue con Juan Miguel Arribasplata Castro, llapino, con quien tuvo tres hijos: Rosa Lusmila Arribasplata Rojas, nacida en 1913 y fallecida poco después; Antonio Arribasplata Rojas (quien cambió su apellido a Rivasplata), nacido el 12 de junio de 1916 y fallecido en 1952, a los 36 años, a causa de un accidente doméstico (hemos encontrado su partida de defunción); y un tercer hijo cuyo nombre no está confirmado, posiblemente Edmundo. Esta relación la tuvo cuando contaba entre 30 y 35 años.

Antonio Rivasplata se casó con Lola Mendoza, con quien tuvo cuatro hijos: Elmer, Antonio, Fernando y Maritza, todos Rivasplata Mendoza. El segundo, Antonio, es físico graduado en la antigua Unión Soviética y fue, hasta hace poco, decano de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Nacional de Trujillo.

De mamá Úrsula se cuenta que producía tejidos de alta calidad, utilizando telar de cintura y la técnica del teñido “ikat”, de origen mochica. Esta técnica consiste en amarrar los hilos de la urdimbre antes de tejer el diseño deseado —flores, aves, plantas, insectos o figuras geométricas— y luego teñir las partes no amarradas para lograr contrastes, especialmente entre el blanco y el azul. El trabajo se concluía en los extremos con blondas o anudados que representaban figuras tradicionales como escudos del Ecuador y del Perú, barcos, versos, floreros, aves y frases, generalmente de amor, según el gusto y creatividad de la tejedora.

Ella misma vendía sus tejidos, desplazándose en mula hacia las principales ferias de la costa norte e incluso del Ecuador, probablemente en su juventud, entre fines del siglo XIX e inicios del XX (según me contó tía Miriam Polar). En sus tejidos solía bordar versos, en especial este:

Águila del valle andino
que partes al Ecuador,
en tu pico vas llevando
el paño sanmiguelino.

También fue ampliamente reconocida por su labor de partera. Se dice que asistió en el nacimiento de medio San Miguel; por ello la llamaban “mamá Úrsula”, como si todos fueran sus hijos o nietos. Además, se tomaba la libertad de reprender a niños y adolescentes cuando los veía cometer alguna falta. No solía cobrar por su trabajo; decía: “que sea su voluntad”, por lo que muchas veces recibía pagos en especie y, en ocasiones, en dinero. Cuando la requerían para un parto lejano, iban a buscarla a su casa y la llevaban a caballo.

Aplicaba técnicas de parto muy avanzadas para su tiempo, pese a no contar con formación profesional. Una de mis tías cuenta que atendía partos difíciles en los que debía acomodar al bebé dentro del vientre materno, y lo hacía con gran destreza. También realizaba rituales cristianos para difuntos. Por eso suelo decir que su labor fue completa: así como ayudaba a traer niños al mundo con sus manos bendecidas, también despedía a los difuntos con la misma devoción.

Mi padre la describe como una mujer alta y de tez blanca, que incluso en la vejez caminaba erguida, sin encorvarse. Era muy estricta: castigaba a sus hermanos cuando se portaban mal, usando una trenza o amarrado con el que les daba correcciones. Walter Lingán contó que a veces escondía la ropa de sus bisnietos como castigo; sin embargo, los traviesos salían igualmente a la calle, vistiendo a escondidas los fondos de falda de ella.

A mi padre le gustaba recordar que preparaba sopas muy sencillas —agua, quesillo y sal— que servía en mates. También tenía un gatito que la acompañaba siempre. En una ocasión, ya siendo muy anciana, sufrió un gran susto cuando su bisnieto Calín se disfrazó por carnavales y se le apareció de improviso en una esquina; impresionada, cayó de espaldas y se golpeó la cabeza.

Fue profundamente religiosa, devota de la Virgen del Arco y de San Miguel Arcángel. Aún se conserva su altar en la casa de mamá Luz. Falleció en 1982, a la edad de 105 años, aunque el año exacto de su nacimiento aún está pendiente de corroboración documental.

Imagen: mamá Úrsula en un viaje que realizó a Lima, está acompañada de dos vecinas sanmiguelinas. 1960 aprox. La foto la conserva mi tío Walter Polar.


Más fotos familiares



Imagen: mi papá Ney Reyes cuando era niño. San Miguel, 1970 aprox. La foto la conservaba mi papá.
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Imagen: Papá Reyes, mamá Luz y tío Homero Reyes. La foto la conservaba mi abuelo CR.
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Imagen: mi abuelo Carlos Reyes y amigos, en el centro don Telmo Quiroz Castañeda. La foto la conservaba mi abuelo CR.
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Imagen: mi bisabuelo Genaro Reyes Álvarez (papá de mi abuelo Carlos Reyes), abogado limeño. Foto que conservaba mi abuelo CR.
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Imagen: tío abuelo Juan Antonio Quiroz Caballero (hermano de padre de mi bisabuelo Artidoro). Papá de tía Haydée Quiroz, Alberto Quiroz "Cherro" y tía Marina Quiroz, tejedora. La foto la conserva tía Haydée.
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Imagen: tíos Celso, Juan Antonio y Rafael Quiroz Caballero, cuando eran bastante jóvenes, en un equipo de fútbol. 1935 aprox. La foto está en el blog San Miguel de Cajamarca de Víctor Hugo Alvítez.
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Imagen: tío bisabuelo Antonio Rivasplata Rojas (hijo de mamá Úrsula y medio hermano de mamá Carmen), junto a su esposa Lola Mendoza. 1945 aprox. La foto la conserva tío Antonio Rivasplata Mendoza.
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Imagen: de izquierda a derecha: mamá Luz, bisabuela Carmen y tatarabuela Úrsula, en la plaza de toros de San Miguel, 1970 aprox. La foto la conserva tío Walter Polar.
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Imagen: Alfonso Barrantes Lingán, "Frejolito", ex alcalde de Lima 1983-1985 y candidato a la presidencia del Perú 1985. Fue primo de mi abuela Luz Quiroz. Foto de www.DePerú.com 
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Imagen: mi papá y sus hermanos en el velorio de mamá Luz. De izquierda a derecha: Doris Polar, Jorge Polar, Homero Reyes, Walter Polar, Miriam Polar y Ney Reyes. San Miguel, 2016.
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Imagen: tío Antonio Goicochea (sobrino de mi bisabuela Carmen Goicochea), reconocido poeta sanmiguelino, declamando en el entierro de mamá Luz. A la derecha aparecen mis tíos Doris Polar y Homero Reyes.
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Imagen: de izquierda a derecha: tío Rosalino Quiroz Huerta (medio hermano de mi abuela Luz), Flor Ascurra (esposa de tío Rosalino), tía Rosita Castañeda Gamarra (prima de mi papá), Pepé Rodríguez (esposo de tía Rosita) y yo, Carlos Reyes. 2016.
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Imagen: tíos Luis, Silvia, Antero y Carlos Ramírez Quiroz, hijos de Gioconda Quiroz Huerta (media hermana de mi abuela Luz). Lima, 2023.

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Imagen: tías Nelly y Violeta Quiroz Lara (hijas de mi tío bisabuelo Celso Quiroz Caballero), junto a sus hijas y nietas. Club San Miguel en Lima. 2017.
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Imagen: mis papás, Miriam Álvarez y Ney Reyes, devotos de San Miguel Arcángel. Cajamarca. 2017.
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Imagen: de izquierda a derecha: mi hermano Ney Reyes y su esposa Jessica, yo, papá Ney, Kati Reyes, hermana, y mamá Miriam. Cajamarca. 2016.