Mateo Nieto Aranda: un sombrerero del Jauja republicano
Mateo Nieto Aranda, mi trastatarabuelo materno, vivió 105 años. Nació en 1830, apenas unos años después de la independencia del Perú, en el barrio de Yauyos, en Jauja, un barrio tradicionalmente tunantero. Fue hijo de Santos Nieto y Manuela Aranda, quienes habrían nacido y vivido a fines del período colonial en el mismo lugar: el centro del Perú, con alta probabilidad de haberse dedicado también a la vida campesina y artesanal.
De profesión, Mateo era sombrerero, un oficio artesanal de gran importancia en la vida rural andina. En aquella época, los sombrereros elaboraban sombreros de paja y fieltro, esenciales para la vestimenta cotidiana de campesinos y comerciantes, pues los protegían del sol intenso del valle del Mantaro y simbolizaban su identidad regional. Además, Mateo se dedicaba también a la agricultura, combinando la producción artesanal con el trabajo del campo, como era común entre los habitantes de Jauja a fines del siglo XIX.
Se casó con Manuela Bravo Hinostroza, diez años menor que él, con quien tuvo varios hijos. Una de ellas fue mi tatarabuela, Julia Nieto Bravo, madre, a su vez, de mi bisabuela Juana Luján Nieto.
Mateo falleció en 1935, en Jauja, a causa de una infección intestinal. Su yerno, Antonio Luján, mi tatarabuelo, fue uno de los encargados de registrar su partida de defunción.
Mateo Nieto Aranda, mi trastatarabuelo materno, vivió 105 años. Nació en 1830, apenas unos años después de la independencia del Perú, en el barrio de Yauyos, en Jauja, un barrio tradicionalmente tunantero. Fue hijo de Santos Nieto y Manuela Aranda, quienes habrían nacido y vivido a fines del período colonial en el mismo lugar: el centro del Perú, con alta probabilidad de haberse dedicado también a la vida campesina y artesanal.
De profesión, Mateo era sombrerero, un oficio artesanal de gran importancia en la vida rural andina. En aquella época, los sombrereros elaboraban sombreros de paja y fieltro, esenciales para la vestimenta cotidiana de campesinos y comerciantes, pues los protegían del sol intenso del valle del Mantaro y simbolizaban su identidad regional. Además, Mateo se dedicaba también a la agricultura, combinando la producción artesanal con el trabajo del campo, como era común entre los habitantes de Jauja a fines del siglo XIX.
Se casó con Manuela Bravo Hinostroza, diez años menor que él, con quien tuvo varios hijos. Una de ellas fue mi tatarabuela, Julia Nieto Bravo, madre, a su vez, de mi bisabuela Juana Luján Nieto.
Mateo falleció en 1935, en Jauja, a causa de una infección intestinal. Su yerno, Antonio Luján, mi tatarabuelo, fue uno de los encargados de registrar su partida de defunción.
Felipe Rojas: de teniente gobernador colonial a patriota sanmiguelino
A pesar de su posición vinculada al poder colonial, Felipe Rojas se convirtió en un activo patriota durante la lucha por la independencia del Perú. Participó en la primera Junta Electoral de San Miguel, que tuvo la responsabilidad de elegir al primer alcalde local, Agustín Medina, marcando así la transición del gobierno virreinal a las autoridades republicanas.
Felipe Rojas contrajo matrimonio con Ignacia Barrantes, con quien tuvo siete hijos: Mariano, Gregorio, Andrés, Pedro, Francisco, Joaquín y Damián Rojas Barrantes. Uno de ellos, Pedro, se casó con Úrsula Cavanillas Solís, y juntos fueron padres de Luis Rojas Cavanillas, quien a su vez fue padre de mi tatarabuela Úrsula Rojas. Úrsula, hija también de Ynocenta Becerra, nació en Llapa, San Miguel, en 1881 y vivió hasta los 99 años.
Mi conexión con los Rojas de San Miguel
Francisco Rojas Barrantes, hermano de mi trastatarabuelo Pedro Rojas Barrantes, fue bisabuelo de María Luisa Rojas Barrantes, esposa de don Telmo Quiroz. Por lo tanto, mi tatarabuela Úrsula fue tía de María Luisa.

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